
¿Por qué se estropean los calentadores de baño? (Y cómo evitarlo)
Los baños son, en realidad, verdaderas “cámaras de tortura” para los dispositivos electrónicos. Piénsenlo: un momento está helado, al siguiente, todo está lleno de vapor. Es un ciclo cruel de cambios bruscos de temperatura y aire tan húmedo que casi se puede saborear.
La mayoría de los calentadores no se estropean porque su elemento calefactor simplemente deje de funcionar. Lo más común es que sea el recubrimiento o los cables los que se dañen. El vapor y la condensación encuentran cada mínimo punto débil, y ahí es donde comienzan los problemas.
Así es como ocurre:
El vapor de agua es muy astuto: encuentra los espacios más pequeños en el chasis y se infiltra en su interior. Una vez allí, se acumula en las terminales eléctricas y en los soportes del tubo de cuarzo. Si el sello no es perfecto, se produce oxidación; es decir, el metal comienza a corroerse.
Eso genera resistencia. La resistencia genera calor. Y, con el tiempo, ese sobrecalentamiento localizado puede dañar los cables o incluso hacer que se apague el interruptor. No es precisamente lo que uno quiere cuando sale de la ducha.
Para evitarlo, utilizamos pruebas de envejecimiento bajo humedad. En lugar de esperar años para ver si un dispositivo falla, lo colocamos en una cámara con alta humedad y encendemos y apagamos el aparato repetidamente. Es como someter el calentador a una década de inviernos en unas pocas semanas. Esto obliga a que todos los errores de fabricación salgan a la superficie.
El problema con los materiales:
Utilizamos juntas especiales y recubrimientos para evitar que entre agua, pero hay un problema: los materiales se deforman con el tiempo. El tubo de cuarzo se calienta mucho, mientras que la carcasa exterior permanece fría. Esa diferencia de temperatura crea un efecto de “bombeo”, que atrae el aire húmedo hacia los componentes internos.
Nuestras pruebas aseguran que los sellos no se contraigan ni agrieten debido a esto. También prestamos mucha atención a la disposición de los circuitos impresos, asegurándonos de que haya suficiente espacio entre las vías de alta tensión, para que la humedad no pueda crear conexiones innecesarias entre ellas.
El desafío: respiración vs. sellado.
Uno podría pensar que la solución es sellar todo herméticamente. Pero si lo hacemos, los componentes internos no podrán “respirar”. Se calentarán demasiado, y eso dañará el dispositivo.
Es necesario encontrar un equilibrio. Necesitamos un alto índice de protección contra la humedad, pero también necesitamos vías de ventilación que permitan que el calor se escape, sin dejar que entre agua.
Si compra un dispositivo que no ha pasado por estas pruebas de envejecimiento, está arriesgándose. Y, por lo general, el equipo se estropea la primera vez que llega el invierno.